Londres imprime la polémica Biblia hebrea de los Alba

el Periódico - Domingo, 15 de diciembre de 1991

MANEL GUITART - Londres

El Comité Sefarad-92 ha encargado a Facsimile Editions 500 copias exactas del texto para conmemorar los 500 años de la expulsión de los judíos de España

La Biblia de los Alba, un documento histórico excepcional del siglo XV, se está imprimiendo en Londres a instancias del Comité Judío Internacional Sefarad-92, para conmemorar el año próximo el quinto centenario de la expulsión de los judíos de España. En la empresa Facsimile Editions se están realizando 500 reproducciones exactas de esta biblia, cuyo original se encuentra desde 1622 en el Palacio de Liria, residencia de los duques de Alba.

El primer ejemplar se entregará al Rey de España, Juan Carlos I, durante un acto público que se celebrará el próximo día 31 de marzo, fecha en la que la reina Isabel la Católica firmó el decreto de expulsión. Una ceremonia que se celebrará con la pretensión de que sea el reencuentro o la reconciliación entre las culturas cristiana y judía.

El libro, de 1.206 páginas soberbiamente ilustradas con 334 miniaturas a todo color, quiere simbolizar el espíritu conciliatorio del 92, puesto que se trató de uno de los últimos esfuerzos para conseguir un entendimiento entre cristianos y judíos, y de intentar frenar el trágico desenlace.

Fue en 1422 cuando Luis de Guzmán, señor de la Orden de Calatrava, encargó al rabino Moses Arragel la traducción al castellano de la Biblia realizada a partir del original hebreo. El clima estaba ya enrarecido desde hacía algunos años: concretamente desde la famosa matanza de judíos de 1391. En 1420, la Inquisición inició las conversiones forzosas que poco resolverían.

Guzmán, sumido en un empeño idealista que la realidad se encargaría de frustrar, pretendía evidenciar ante la implacable Inquisición que las diferencias de fondo entre los textos sagrados de las dos comunidades, la cristiana y la judía, no eran muy graves, que las diferencias entre ambas culturas y religiones no eran irresolubles.

Ocho años de trabajo inútil

Moses Arragel, tras reticencias iniciales motivadas por las circunstancias y por el lógico temor a que una reacción sanguinaria le salpicase, empleó ocho años en la elaboración minuciosa de esta obra maestra, que hace pocas concesiones al pensamiento cristiano. Nunca más se supo de él. Junto a los textos sagrados aparecen los comentarios o interpretaciones judías de aquellos. Los dibujos, con sus reproducciones de objetos, vestuarios, oficios de la época, son un testimonio excepcional del periodo histórico. La correspondencia negociadora entre el rabino y el influyente caballero español ocupa las 25 primeras páginas.

El efecto que produjo la publicación de la Biblia fue el contrario al deseado: se multiplicaron las disquisiciones eruditas, las disputas públicas entre teólogos, caballeros, judíos y moros, y poco pudo hacerse para recuperar el clima de convivencia que había dominado en Sefarad durante varios siglos. El esfuerzo individual de Guzmán para cambiar el curso negativo de las relaciones judeo-cristianas sirvió de poco. Sin embargo, ahí quedó el testimonio de un pasado, que puede contribuir a un mejor presente.

El matrimonio judío formado por Michael y Linda Falter está al frente de la empresa, fruto del interés en rescatar originales históricos de las vitrinas de los museos. La reproducción se quiere fidedigna al máximo. "No sólo debe parecer auténtica, sino que la gente debe sentirla como tal", dice Linda. El proceso es complejo y de una minuciosidad abrumadora. Se ha buscado el tipo de papel exacto: la misma textura y finura de la vitela del manuscrito. Oro y plata auténticos, miles de pruebas fotográficas, hasta conseguir el matiz de color exacto al original.

Incluso hay que imitar los errores, fruto de las vicisitudes que vivió el libro, del paso de los años: el amarillo del pergamino, los agujeritos que el autor hacía en un extremo de la página para señalar las líneas, el óxido de la plata. Mauricio Hatchwell Toledano, responsable de la Fundación Amigos de Sefarad y promotor de la iniciativa, les pidió "el más bello facsímil jamás producido, ni más ni menos". Cada ejemplar se venderá a 26.000 dólares y los fondos van a destinarse a la difusión de la cultura judía en España, la antigua Sefarad.

Necesidad de una expiación

El año que viene, el mágico y prometedor 92, España se verá obligada a recordar un episodio doloroso de su historia: el que tiene que ver con sus maltrechas relaciones con la comunidad judía. Pero ha habido además un segundo entierro de la comunidad judía española, de los sefardíes, tras la macabra labor unificadora de la Inquisición: el olvido al que la historia les condenó.

Para algunos sectores judíos las heridas siguen abiertas, y considera necesario que el monarca español pronuncie unas palabras de disculpa hacia el pueblo hebreo. Hay quien mantiene incluso que la cédula de expulsión no ha sido formalmente revocada, y que don Juan Carlos deberá proceder en consecuencia.

En medios de la diplomacia española dan por sentado, en cambio, que las Cortes de Cádiz de 1812 derogaron el decreto y se prefiere dar a la ceremonia el valor del reencuentro entre dos culturas, más que el de la expiación de una culpa.

Quizá la Biblia de los Alba, por el esfuerzo en favor de la tolerancia que representa, se convierta en el remedio diplomático perfecto y emblemático, el símbolo que conecte la España de hoy con la Sefarad de antes del siglo XV. Demostrado quedará que asumir el pasado resulta siempre provechoso.